Carritos abandonados
Llegó hasta el pago y se fue, y no sabes si fue el porte o la tarjeta
Un carrito abandonado no es uno: son cinco situaciones distintas con la misma etiqueta. El que miró y se fue no se parece en nada al que metió la tarjeta y le falló, y escribirles lo mismo no funciona.
Describir lo que necesitoEl embudo de una tienda, paso a paso

Por qué un correo genérico recupera poco
El paso en el que se cayó lo explica casi todo
Salir al ver el porte, salir al pedir el registro o salir con la pasarela abierta son tres problemas distintos. Juntarlos en una sola lista impide arreglar ninguno de los tres.
A muchos no les puedes escribir
Sin correo identificado y sin permiso no hay mensaje posible, y son la mayoría. Separar a quién sí se puede escribir de quién no es lo primero, no un detalle.
El momento importa más que el texto
Escribir a la hora, al día y a los tres días no es la misma campaña, y cada tienda tiene su ritmo. Lo que hace falta es poder cambiar esos tiempos y ver qué pasa, no acertar a la primera.
Lo que cuesta recuperar carritos
Medir el embudo y mandar la secuencia es un módulo: tramo bajo del estimador. Lo que de verdad decide si merece la pena no es el precio, sino cuántos carritos identificados tienes al mes.
Cuéntanos cuánta gente se te cae
Escribe qué sabes hoy de tu embudo y si mandas algo, y al enviarlo te devuelve el esquema de lo que montaríamos y su horquilla.
Lo que nos preguntan sobre los carritos
¿Cuántos recordatorios conviene mandar?
Pocos y espaciados, y se mide. Lo que sí está claro es que insistir a quien ya compró por otro sitio o a quien no dio permiso hace más daño que bien, y eso se evita con las dos primeras pantallas.
¿Hay que ofrecer un descuento para que vuelvan?
Es la decisión cara: funciona a corto y enseña a esperar el cupón. Antes de eso conviene mirar el paso donde se cae la gente, porque muchas veces el problema es el porte o un formulario largo.
