Centro de examen
La convocatoria es a las nueve y las actas tienen que estar antes de las dos
Tu producto no es un curso: es una mañana. Se abre una convocatoria, se llenan los puestos de una sala, se sienta a cada persona en el sitio que le toca, se vigila y se cierra con un acta. Si eso se lleva con listas impresas, un cambio de última hora lo descuadra todo.
Describir lo que necesitoPor qué un programa de academia no sirve
El cupo es físico y se agota
Una academia puede meter un alumno más en un grupo. Aquí no: hay tantos puestos como mesas separadas en la sala, y si se vende uno más alguien se queda de pie. La inscripción tiene que chocar contra el aforo real de cada sala.
Lo que se entrega es un acta, no una nota
Al cerrar la sesión hace falta la lista de quién se presentó, quién no apareció, qué incidencias hubo y las firmas de quien vigiló. Eso es un documento que se compone de muchas piezas pequeñas y que hoy se monta a mano mientras la gente sale.
El coste de tenerlo
Estructura fija pequeña y mucho personal puntual los días de convocatoria: una plantilla de dos cifras cortas.
Dinos cómo son tus convocatorias
Cuenta cuántas sesiones haces y en cuántas salas, y lo verás dibujado.
Dos cosas de la sala
¿Se puede inscribir la gente por su cuenta?
Sí, si queréis: se puede abrir un formulario que vea las convocatorias con plazas y recoja el pago. Lo que entra queda pendiente de validación, así que nadie se cuela sin que alguien lo revise.
¿Y el control de asistencia en la puerta?
La lista de la sesión se abre en una tableta y se va marcando quién entra, con la hora. De ahí sale el acta sin tener que contar cabezas, que es lo que hoy se hace dos veces por si acaso.
