Tienda multiidioma
La portada está en tres idiomas y las fichas, en uno y medio
Traducir la tienda es fácil; mantenerla traducida no. Cada producto nuevo nace en un idioma y vive meses sin los otros, y nadie sabe cuántos hay así hasta que un cliente lo encuentra.
Describir lo que necesitoUn escaparate con su cambio de idioma

Dónde se cae una traducción automática
Lo que falta tiene que verse en una lista
Sin una pantalla que diga qué fichas están sin traducir, el inventario de agujeros no existe. Y lo que no se mide se queda con el texto del idioma de origen metido en medio de la página.
No sólo se traduce el catálogo
El correo de confirmación, el aviso de envío, los nombres de los métodos de pago y el texto del botón de pagar también se leen. Si sólo traduces las fichas, la compra se queda a medias en otro idioma.
Cada idioma tiene su dirección
Un idioma sin su propia URL no existe para un buscador. Y hay que decidir qué pasa con el que llega a una dirección que todavía no tiene versión en su lengua.
Lo que cuesta la tienda en varios idiomas
Si la tienda ya existe, el multiidioma es un módulo: tramo bajo-medio del estimador. Lo que mueve la cifra es el número de idiomas y si las traducciones las vais a llevar vosotros o entran de una agencia por fichero.
Cuéntanos en qué idiomas vendes
Escribe qué idiomas necesitas y quién traduce hoy, y al enviarlo te devuelve el esquema de lo que montaríamos y su horquilla.
Lo que nos preguntan sobre los idiomas
¿Vale con una traducción automática?
Como punto de partida sirve y ahorra mucho, pero hay que marcarla como borrador para que alguien la revise. Lo que no conviene es que no se distinga lo revisado de lo que salió de una máquina.
¿Idiomas y países son lo mismo?
No, y confundirlos sale caro. Un francés en Bélgica y otro en Francia leen igual pero no pagan igual ni reciben igual. El idioma decide el texto; el país decide precio, envío e impuestos.
