Adiestramiento canino
El perro aprende el martes y en casa lo desaprenden el miércoles
Lo que haces en una hora de sesión lo sostiene —o lo tira— la familia el resto de la semana. Si no queda escrito qué tenían que practicar y qué pasó, la siguiente sesión empieza otra vez por el principio.
Describir lo que necesitoLo que no cabe en una agenda de citas
El cliente son dos: el perro y quien tira de la correa
El animal tiene su conducta y su progreso; la persona tiene su tiempo, su mano y lo que es capaz de repetir. Las dos cosas van en la misma ficha porque sin la segunda la primera no se explica.
El progreso es la mercancía
No vendes horas: vendes que un perro deje de tirar. Eso sólo se demuestra si cada sesión apunta en qué ejercicio está y cómo salió, y se puede releer tres meses después.
Lo que vale para un adiestrador por su cuenta
La mayoría arranca con la ficha del perro y el plan de sesiones, que es lo que ahora vive en un cuaderno, y añade los bonos cuando el volumen hace que se pierda la cuenta.
Cuéntanos qué perros te llegan
Dos líneas sobre qué conductas corriges y cómo das las sesiones. Te devolvemos el esquema de tu programa y su precio.
Lo que preguntan los adiestradores
¿Puede la familia ver la tarea de la semana?
Sí: la tarea se puede mandar al acabar la sesión, con lo que hay que practicar y cuántas veces. Es el punto donde más se cae el progreso, así que escribirlo tiene efecto.
¿Y si trabajo con una protectora o con una clínica?
Entonces el perro llega de otro sitio y conviene que la ficha diga de dónde. Se monta como un origen más, y permite devolver al que te lo mandó cómo fue.
