Gufi

Correos automáticos

El cliente dice que no le llegó y no hay forma de saber si es verdad

Mandar es lo fácil. Lo que hace falta es que salga a la dirección correcta, que el texto no lo escriba nadie a mano y que en la ficha ponga si salió, si llegó y si rebotó.

Describir lo que necesito
La salida de correo, dibujada
Cuál sale y cuándo
La confirmación al confirmar, la factura al emitir, el aviso tres días antes: cada uno con su momento.
A quién de verdad
Cada tipo de correo va a su dirección: la factura a administración y el albarán al almacén del cliente.
El texto, una sola vez
Escrito con sus huecos y en el idioma de quien lo recibe, no copiado y pegado en cada envío.
Salió, llegó, lo abrió
El estado de cada envío pegado a la ficha, para discutirlo con una fecha y no con una impresión.
La que rebota se marca
La dirección muerta se apaga y queda señalada en la ficha, en vez de reintentarse cada mes.
Con tu nombre delante
Sale como tu empresa, y las respuestas vuelven a un buzón vuestro y no a un remitente que nadie atiende.

Una biblioteca de textos, de verdad

Biblioteca de plantillas de correo agrupadas por momento, con la cuenta en cada filtro y los huecos de nombre y empresa dentro de los asuntos.
Tres pestañas arriba —Estrategias, Plantillas y Cola— y abierta la de en medio, en el CRM que Gufi usa para sí misma. Debajo de cada filtro está la cuenta de textos que hay escritos para ese momento: 165 de primer contacto, 13 de seguimiento, 6 de ciclo de vida, 6 de cierre, 5 de demostración, 3 de alta, 3 de ampliación, 3 de referidos y 3 de reactivación. Es la idea entera de un correo que sale solo: el texto se escribe una vez, con los huecos a la vista dentro del propio asunto, y lo que cambia en cada envío es el hueco.

Mandar no es lo mismo que entregar

Sale a la dirección del comercial

Porque es la que está en la ficha del cliente. La factura tenía que ir a administración, y nadie se entera hasta que llaman preguntando por un vencimiento.

La dirección mala sigue intentándolo

Una cuenta que ya no existe rebota cada vez, un mes tras otro. Nadie lo mira, y el remitente de la casa se va quemando por insistir donde no hay nadie.

Lo que cuesta que el correo salga y conste

Mandar un correo desde el programa es barato. El precio está en el acuse —saber si salió, si entró y si rebotó— y en la pantalla que lo enseña pegado a la ficha. Es la parte que convierte una discusión con el cliente en una fecha.

Un módulo
2.500 €
al mes, para un equipo de 10–50.
Todo el sistema
2.500 € – 5.500 €
al mes, con un módulo. En 30 días.
Implantación
0 €
Es cuota. Se corta cuando quieras.
Mover los mandos en el estimador

Cuéntanos qué correos mandáis a mano

Di qué se escribe uno por uno, a quién va cada cosa y qué pasa cuando alguien dice que no le llegó. Te contestamos con el dibujo y una cifra.

Cómo trabajáis y qué se atasca.

Cuántos sois
Cuánto hay que construir
Cuota mensual con lo que has marcado
2.500 € – 5.500 €
Sin coste de implantación.

Lo ves al momento. Sin llamadas ni boletines.

Dudas sobre el correo que sale solo

¿Se sabe de verdad si lo ha leído?

Se sabe si el servidor del cliente lo aceptó, que es lo firme, y se sabe si se abrió, que es lo aproximado: muchos programas de correo bloquean esa señal. Lo que vale para discutir es la entrega; la apertura es un indicio y conviene tratarla como tal.

¿Acabará en la carpeta de correo no deseado?

Depende sobre todo de cómo esté configurado tu dominio para dejar que el programa mande en tu nombre, y eso se prepara al montarlo. Lo que ayuda después es tener los rebotes controlados: insistir en direcciones muertas es lo que más estropea un remitente.

Otros sectores con pantallas que enseñar