Formar al equipo
El sistema está terminado y el equipo sigue haciéndolo como antes
No es resistencia: es que nadie aprende una herramienta en una sesión de dos horas con veinte personas delante. Se recuerda lo que se usa al día siguiente, y sólo si al día siguiente hay a quién preguntar.
Describir lo que necesitoPor qué la formación en sala no cala
Una sesión general no enseña a nadie
En una sala de veinte, cada persona necesita tres pantallas distintas y se le enseñan sesenta. Lo que funciona es media hora por puesto con su pantalla real delante, y alguien cerca durante la primera semana de verdad.
Lo que no se usa en tres días se olvida
Por eso la formación se da pegada al arranque y no un mes antes. Y por eso el primer día conviene que sea un día tranquilo: aprender con la pantalla nueva el lunes de cierre de mes es pedirle demasiado a cualquiera.
El presupuesto de que se use de verdad
La formación no es una partida aparte en el estimador: va dentro del módulo que se construye, porque enseñar una pantalla forma parte de entregarla. Lo que sí conviene reservar es tiempo de vuestro equipo —media hora por persona y una semana de acompañamiento—, que es la parte que no se puede comprar.
Contadnos a quién hay que formar
Lo útil es saber cuántos puestos distintos hay, no cuántas personas. Cinco personas con el mismo trabajo es una formación; cinco con trabajos distintos son cinco.
Dudas de quien ya lo tiene construido
¿Y si alguien se niega a usarlo?
Casi siempre, detrás, hay una pantalla que le hace el trabajo más lento que antes. Merece la pena sentarse a verle trabajar media hora antes de darlo por un problema de actitud: en la mitad de los casos sale un cambio pequeño que lo arregla.
¿Cuánto acompañamiento hace falta después del arranque?
La primera semana es la que decide, y conviene que haya alguien disponible esos días. A partir de ahí las dudas bajan solas y se resuelven entre ellos, sobre todo si hay dos o tres personas de dentro que lo cogieron antes.
