Convivencia
Vais a convivir seis meses con los dos sistemas, y ahí es donde se tuerce
La convivencia parece la parte prudente del cambio y es la más delicada: durante ese tiempo hay dos sitios donde mirar, y si no está escrito cuál manda sobre cada cosa, acaban discrepando los dos.
Describir lo que necesitoLas dos reglas que sostienen un solape
Sin una regla de quién manda, los dos tienen razón
Un cliente actualizado en el viejo y otro en el nuevo, y ninguna forma de saber cuál vale. La regla se escribe antes de arrancar y se escribe por tipo de dato, no por sistema entero: clientes aquí, stock allí, facturación aquí.
La convivencia necesita fecha de final desde el día uno
Sin ella se queda, porque siempre hay un motivo razonable para esperar un mes más. Y cada mes cuesta trabajo real: hay alguien manteniendo dos sitios y comprobando que coinciden.
Lo que cuesta sostener el solape
Lo que se cotiza aquí es temporal y por eso se comporta como un módulo: los puentes entre los dos sistemas y la pantalla de diferencias, que se apagan cuando se apaga el viejo. Conviene saber que es trabajo que se tira a propósito, y aun así casi siempre sale más barato que un arranque de golpe.
Contadnos qué dos sistemas van a convivir
Lo que decide el trabajo es qué datos tienen que estar en los dos sitios a la vez. Si es sólo el maestro de clientes, es poco; si es el stock, es otra cosa.
Dos dudas sobre la convivencia
¿No sería mejor cambiar de golpe y ahorrarse esto?
A veces sí, sobre todo si el sistema es pequeño y hay un día tranquilo donde meterlo. La convivencia compensa cuando el riesgo de parar es alto o cuando hay un área que no puede moverse todavía. Lo que no compensa nunca es una convivencia sin fecha de final.
¿Cuánto suele durar?
Lo que se decida que dure, y por eso se decide antes. Lo habitual es atarla a un hito del negocio —un cierre, el final de una campaña— en lugar de a un número de meses, porque un hito llega y un número se aplaza.
