El coste del catálogo
Lo que cuesta un programa de catálogo no aparece en su factura
Aparece en la hoja de cálculo que alguien abre al lado todas las mañanas, en el campo de observaciones donde se guarda lo que no tiene sitio, y en las tres cosas que la empresa dejó de hacer porque el programa no dejaba.
Describir lo que necesitoDos pérdidas que nadie contabiliza
El sistema paralelo que nace solo
Nadie decide montar un Excel al lado del ERP: aparece porque hacía falta una columna y no estaba. A los dos años ese fichero es donde vive la verdad, el programa guarda una versión aproximada y el equipo trabaja en los dos.
Lo que se deja de intentar
Una tarifa nueva, un canal de venta distinto, una forma de cobrar que un cliente pide. Si cada idea choca con «el programa no lo hace», al final dejan de proponerse, y eso no se nota porque no deja rastro en ningún sitio.
Con qué comparar esas pérdidas
El importe que ves es el de una empresa grande con todo construido a medida, que es el extremo caro a propósito: es contra ese número contra el que hay que poner lo que cuestan las hojas paralelas, los pasos de más y los módulos que no se abren. En muchas empresas la cuenta no da, y entonces el catálogo sigue siendo la respuesta correcta.
Dinos dónde se te escapa hoy
Describe la hoja de cálculo que nadie quiere mantener y por qué existe. Ese fichero es el mejor documento de requisitos que hay.
Las dudas de quien ya tiene uno
¿Hay que tirar el ERP que tenemos?
Casi nunca entero. Lo habitual es dejarle lo que hace bien —normalmente la contabilidad y la facturación legal— y construir alrededor lo que no cabe, con las dos partes conectadas. Sale más barato y es mucho menos arriesgado que un cambio total.
¿No es culpa nuestra por no usarlo bien?
A veces sí, y conviene descartarlo antes de gastar: hay empresas que tienen funcionalidad pagada y sin configurar. Si al mirarlo resulta que el programa sí lo hacía y nadie lo sabía, la solución es formación, no un proyecto nuevo.
