Relevo
El que lleva aquí cuarenta años se va dentro de dos
Y con él se va el precio de ese cliente, el motivo por el que a ese proveedor se le paga antes y la razón de que en agosto se haga así. Nada está escrito porque nunca hizo falta escribirlo.
Describir lo que necesitoCómo se traspasa algo que nadie escribió
Recogerlo lleva meses y se hace mientras está
No es una reunión larga: es ir escribiendo en la ficha de cada cliente y de cada proveedor lo que él sabe de ellos, un rato cada semana durante un año. Hecho después, se hace a trozos y con huecos que ya no se pueden rellenar.
El cliente llama a una persona, no a la empresa
Hay que saber quién pregunta por él y presentarle al que viene, uno a uno y con tiempo. Eso es una lista con fechas, y es la parte del relevo que más se descuida porque no parece trabajo hasta que se nota.
A cuánto sale no perder lo que sabe
El tramo de abajo es el de diez a cincuenta personas, que es donde el relevo suele plantearse con tiempo. La parte técnica es modesta —fichas, campos y listas—; la que pesa es la vuestra, porque el que se va tiene que sentarse a contarlo y eso no lo puede hacer nadie en su lugar.
Contadnos quién se va y cuándo
Lo que marca el plan es cuánto tiempo queda y qué parte del negocio pasa por esa persona. Con eso se decide qué se recoge primero.
Las dos dudas de un relevo
¿Por dónde conviene empezar a recoger?
Por los clientes y proveedores que más facturan, no por los más antiguos. Son veinte o treinta fichas y en ellas suele estar la mayor parte del valor. El resto se recoge después, y si queda algo sin recoger que sea de lo que menos pesa.
¿Y si el que se va no quiere ponerse a escribir?
Es lo más común, y escribir no tiene por qué hacerlo él. Funciona mejor que alguien se siente a preguntarle cliente por cliente y vaya rellenando la ficha mientras habla. Media hora a la semana, en una pantalla sencilla, rinde más que pedirle un documento.
