Residencias de menores
El turno de noche se va a las siete y lo que sabe lo cuenta en el pasillo
Lo que sostiene una casa así es el relevo: lo que el turno que acaba le deja escrito al que entra. Todo lo demás —la habitación, la vuelta a la hora, el instituto— cuelga de que eso esté en un sitio y no en una conversación.
Describir lo que necesitoDos cosas que decide la organización, no el papel
Hay tres turnos y una sola realidad
Lo que pasó a las once de la noche tiene que saberlo quien entra a las siete de la mañana. Contado de palabra en el cambio, a mediodía ya se ha deformado dos veces.
La casa se mueve a mitad de semana
Entra alguien un miércoles y se va otra persona un viernes. Una lista impresa el lunes no vale, y la que está colgada en la pared la actualiza quien pasa por delante.
Qué pide el sistema de una casa de menores
Educadores de tres turnos, dirección, cocina y limpieza: una casa con varias plazas se mueve en el tramo de diez a cincuenta.
Dinos cómo se pasa el relevo
Cuenta cuántos turnos cubrís y qué se apunta en cada uno. Con eso ya aparece el esquema.
Dos preguntas de dirección de casa
¿Quién puede leer la hoja de la jornada?
Los perfiles que digáis, y sólo los de esa casa: quien está en cocina no necesita abrirla y el equipo de otra casa de la misma entidad tampoco. Cada lectura queda anotada con el usuario y la hora, y lo escrito no se puede reescribir después sin que se vea que se cambió y quién lo cambió.
¿Se puede sacar lo que haya que entregar a quien nos lo pida?
Se exporta lo que vosotros decidáis, con su fecha y en el formato que necesitéis, y queda constancia de que esa exportación se hizo y de quién la hizo. Qué se entrega, a quién y con qué alcance es una decisión vuestra: nosotros no la tomamos ni la vamos a sugerir desde una página web.
