Venta ambulante
El martes un pueblo, el jueves otro, y el furgón se carga el lunes
Tu tienda se monta y se desmonta cinco veces por semana, y lo que vendes el sábado depende de lo que cargaste el lunes. Lo que nunca sabes es qué mercadillo deja dinero de verdad y en cuál llevas tres meses perdiendo la mañana.
Describir lo que necesitoPor qué un TPV de tienda no te sirve
No tienes un almacén: tienes un furgón
Todo lo que puedes vender es lo que cabe y lo que cargaste. El stock no está quieto en una estantería: viaja, y lo que no se vendió en un sitio es lo que hay para el siguiente. La pregunta útil es qué falta cargar, no cuánto queda en el almacén.
Cada plaza es un negocio distinto
El mismo género vendido en dos pueblos da cifras muy diferentes, y el coste de ir también. Hasta que la caja no se apunta por mercadillo y por día, la decisión de dejar una plaza se toma por intuición y casi siempre tarde.
Lo que cuesta empezar
La venta ambulante es casi siempre familiar: una o dos personas y un furgón. Si sólo quieres la caja por plaza y el género que viaja, una pieza suelta en el tamaño pequeño se queda aquí.
Dinos qué plazas haces
Cuenta qué días sales y qué vendes, y te lo pintamos.
Dos cosas del furgón
¿Funciona sin internet en el puesto?
La venta se apunta en el móvil y sube cuando hay cobertura, así que en un recinto sin señal se sigue trabajando. Lo que no prometemos es un terminal de tarjeta que funcione sin red: eso depende de tu banco.
¿Vale si vendo cosas sin código de barras?
Vale: el artículo puede ser una familia con su precio —«camiseta», «cinturón»— en vez de una referencia única. Forzar un código a cada pieza es justo lo que hace que un ambulante abandone un programa en dos semanas.
