Cuadros de mando
Hay once informes y la pregunta de las nueve de la mañana sigue siendo cómo vamos
Un panel no es un informe bonito: es la pantalla que contesta en tres segundos y que, si no contesta, nadie vuelve a abrir. Lo difícil no es pintarlo, es elegir las cuatro cifras que caben arriba.
Describir lo que necesitoEl panel, tal y como se ve

Por qué el informe mensual no cambia ninguna decisión
Si llega el día diez, ya no sirve para nada
Un dato de marzo que se ve en abril sólo vale para explicar lo que pasó. El panel que cambia algo es el que se mira cada mañana con lo de ayer dentro, aunque tenga la mitad de cifras.
Cada puesto mira una cosa distinta
El que lleva el almacén y el que lleva las ventas no necesitan la misma pantalla. Un panel único para toda la empresa acaba siendo un panel que no es de nadie y que nadie abre.
Lo que cuesta un cuadro de mando
El panel en sí es barato; lo que se paga es que debajo haya datos limpios que enseñar. Sobre un sistema que ya es tuyo, alcance de uno; si hay que recoger antes los datos de tres sitios, sube.
Cuéntanos qué te gustaría ver nada más entrar
Dinos qué preguntas te haces cada mañana y de dónde sale hoy la respuesta. Te devolvemos el esquema del panel con su horquilla de precio.
Lo que nos preguntan sobre los paneles
¿De dónde saca los datos?
De tu propio sistema, en directo, sin exportar nada a mano. Si parte de la información vive en otro programa, se trae con una integración y el panel dice de cuándo es lo que enseña.
¿Podemos cambiar los indicadores después?
Sí, y se cambian: los primeros nunca son los definitivos. Lo normal es arrancar con cuatro, ver cuáles se miran de verdad a los dos meses y tirar los que no mira nadie.
