Precio del software de gestión
Hay tres formas de cobrarte un programa y no se pueden comparar de frente
Por asiento al mes. Licencia que se compra una vez, más su mantenimiento anual. O una cuota en la que va dentro construirlo. Cada modelo esconde el coste en un sitio diferente, y por eso dos ofertas nunca cuadran al ponerlas en la misma hoja.
Describir lo que necesitoDónde esconde el dinero cada modelo
El de asiento se multiplica por la plantilla
Una cifra pequeña por persona parece inofensiva hasta que se cuentan todos los que necesitan entrar, incluido el almacén y los que sólo consultan. Y empuja a dar menos altas de las que hacen falta, que es justo lo contrario de lo que querías.
La licencia comprada tiene una segunda factura
El precio que te enseñan es el de comprarla. Al lado va el mantenimiento anual, que es lo que paga las actualizaciones y el derecho a llamar, y sin el cual la licencia envejece sola en un servidor.
Qué pinta tiene la tercera opción
Esto es lo que cuesta el tercer modelo para un equipo pequeño. Y la comparación honesta es ésta: si sois cuatro y lo que hacéis cabe en lo que hace cualquier programa del mercado, el de asiento al mes gana casi siempre, y por bastante. La cuota con construcción empieza a tener sentido cuando lo que hacéis no cabe.
Dinos qué ofertas tienes encima de la mesa
Si ya tienes dos o tres presupuestos encima de la mesa, dinos qué incluye cada uno. Lo útil no es el precio: es lo que cada uno deja fuera.
Al comparar modelos siempre sale esto
¿Cuál es el más barato de los tres?
Depende de tres cosas concretas: cuánta gente necesita entrar, cuánto se parece tu forma de trabajar a la del programa de catálogo, y cuántos años vais a tenerlo. Con poca gente, proceso estándar y horizonte corto, el de asiento. En el extremo contrario, deja de serlo.
¿Y si mezclo? Catálogo para unas cosas y a medida para otras
Es lo más común y suele ser lo más sensato. La contabilidad y las nóminas casi nadie debería construirlas; lo que te diferencia de tu competencia casi nadie debería comprarlo hecho. El trabajo está en decidir dónde va la frontera y en que las dos partes se hablen.
