De taller a fábrica
Hacíais piezas de una en una y ahora os piden quinientas iguales
Lo que cambia no es la máquina. Es que hasta ahora el precio salía de la experiencia y el plazo de asomarse al taller, y con series eso deja de funcionar: un error no se queda en una pieza, se multiplica por quinientas.
Describir lo que necesitoLo que deja de valer cuando se repite
El precio de la experiencia deja de acertar
Funciona cuando cada trabajo es distinto y alguien lo ha hecho cien veces. En serie, un cinco por ciento mal calculado se convierte en veinticinco piezas regaladas, y no se ve hasta que se cierra el pedido entero.
Prometer plazo exige saber lo que cabe
En un taller el plazo se calcula mirando alrededor. Cuando hay ocho órdenes a la vez, los pedidos ya no se ven de un vistazo y hay que saber qué carga tiene cada puesto las próximas semanas antes de decir una fecha.
Cuánto sale el salto a producción
Un taller que empieza a fabricar en serie suele estar entre diez y cincuenta personas, y lo que se monta son varios módulos encadenados: escandallo, orden y coste real. El escandallo es el que más trabajo vuestro pide, porque hay que escribir por primera vez algo que nadie había escrito nunca.
Contadnos qué vais a fabricar y en qué cantidad
Lo que orienta aquí es cuántas referencias distintas vais a repetir y en qué tamaño de serie. Con eso se ve si hace falta escandallo completo o basta con tiempos por fase.
Preguntas habituales al dar el salto
No tenemos escandallos de nada. ¿Por dónde se empieza?
Por las tres o cuatro piezas que se van a repetir, no por el catálogo entero. Se cronometra una serie real, se apunta lo que entró y lo que salió, y con eso sale el primer escandallo. Los demás se van haciendo según se repiten.
¿Hay que cambiar cómo trabaja el taller?
Lo mínimo imprescindible, y una cosa sí: alguien tiene que marcar cuándo empieza y acaba cada fase. Sin eso no hay tiempos, y sin tiempos no hay coste real. Suele resolverse con una pantalla en el taller y dos toques, no con partes de papel.
