Primer almacén
Habéis alquilado una nave y ahora hay que saber qué hay dentro
Hasta ahora el material estaba en la furgoneta, en el patio y en casa de uno. Tener almacén no es tener sitio: es que alguien tenga que saber qué hay, qué falta y quién se lo ha llevado.
Describir lo que necesitoLas dos cosas que deciden si el stock cuadra
El primer recuento es el que más cuesta y el que más vale
Es el día en que se decide qué existe. Hacerlo entero de una vez, con todo el mundo y sin movimiento, cuesta una jornada; hacerlo a trozos mientras se trabaja hace que nunca se termine de cuadrar y que nadie se fíe del número.
Lo que no se apunta al salir no se sabe que falta
Coger material sin decirlo era inofensivo cuando estaba todo en la furgoneta. Con una nave y tres personas entrando y saliendo, el stock del sistema y el de la estantería se separan en una semana.
Lo que cuesta empezar a controlarlo
Un primer almacén es un módulo: entradas, salidas y recuento. Por eso el alcance viene en uno y el tramo en el más bajo del estimador. Lo que conviene no subestimar no es el precio del software, es la jornada del primer recuento, que la ponéis vosotros y no se puede saltar.
Contadnos qué vais a guardar
Con saber cuántas referencias distintas tenéis y cuántas personas van a entrar al almacén, ya se ve si basta con entradas y salidas o hace falta ubicación.
Dos dudas del primer almacén
¿Hace falta poner códigos de barras desde el principio?
Casi nunca. Con pocas referencias, una lista buscable en el móvil funciona igual y se pone en marcha el mismo día. El código de barras compensa cuando el volumen de movimientos hace que teclear sea el cuello de botella, y eso se nota solo cuando llega.
¿Y si al contar no cuadra con lo que creíamos tener?
No va a cuadrar, y no pasa nada: el primer recuento no se compara con nada, se usa como punto de partida. Lo que importa es que a partir de ese día las entradas y salidas se apunten, porque el segundo recuento sí dice algo.
