Empresa comprada
Habéis comprado una empresa y ahora hay dos de todo
Dos catálogos con los mismos artículos llamados de otra forma, dos ficheros de clientes con nombres repetidos y dos maneras de contar lo mismo. Lo que se compró funciona; lo que no existe es la junta entre las dos.
Describir lo que necesitoLas dos trampas de una integración
Imponer vuestro sistema sin mirar el suyo sale caro
Algo hacían mejor, y suele ser justo la parte por la que valía la pena comprarlos. Conviene saber cuáles son esos dos o tres procesos antes de migrar, porque si se pierden por el camino se perdió una parte de lo que se pagó.
El primer cierre conjunto llega antes de lo que parece
Hay un mes en que hay que dar un número de las dos juntas. Para entonces tienen que coincidir los criterios —cuándo cuenta una venta, qué es un cliente nuevo, cómo se reparte un gasto común—, y eso se acuerda antes, no la semana del cierre.
A cuánto sale una integración
Dos empresas juntas suelen caer en el tramo de cincuenta a doscientas personas, y una integración toca todo: maestros, operaciones y cierre. Por eso el alcance viene en la plataforma entera. Si lo que queréis primero es sólo cruzar clientes y catálogos para saber a qué os enfrentáis, baja el alcance y pide esa parte sola.
Contadnos qué habéis comprado
Lo que marca el trabajo es cuánto se solapan: si los clientes son los mismos, si el catálogo es parecido y si cada una usa un programa distinto.
Las dos dudas de después de comprar
¿Se migra todo de golpe o por partes?
Casi siempre por partes, y el orden suele ser el mismo: primero los maestros —clientes y artículos—, porque de ellos depende lo demás; después facturación, que es lo que más prisa tiene; y al final lo operativo de cada una, que es donde están las diferencias de verdad.
¿Qué hacemos mientras con sus programas?
Siguen funcionando. Lo que se decide desde el primer día es quién manda sobre cada dato, para que no se creen clientes nuevos en los dos sitios a la vez. Esa regla vale más que la velocidad de la migración.
