Leer con el teléfono
El lector cuesta trescientos euros y hacen falta seis
La cámara que lleva cualquiera en el bolsillo lee un código tan bien como una pistola. Lo que decide si sirve o no es lo que pasa después de leerlo.
Describir lo que necesitoDónde fallan las aplicaciones de escanear
Leen uno y se paran
Para contar doscientas cajas hay que abrir, apuntar, confirmar y volver a empezar doscientas veces. A la caja número doce alguien ha vuelto al papel.
Lee cualquier cosa y la mete igual
El código del cartón de la caja no es el del artículo, y si entra sin comprobar nada, el recuento sale mal y nadie sabe por qué hasta el inventario siguiente.
La cuenta, frente a comprar lectores
Leer con la cámara entra barato y suele pagarse con los lectores que no hay que comprar. Lo que sube la cifra es a qué se engancha la lectura: contar existencias es sencillo; leer para preparar un pedido obliga a tocar el flujo de almacén entero.
Cuéntanos qué hay que leer y dónde
Di qué se escanea hoy, con qué aparato y en qué momento del trabajo. Te lo devolvemos dibujado y con su horquilla.
Lo que preguntan antes de dejar la pistola
¿Lee tan rápido como una pistola?
Una pistola buena es más rápida y aguanta mejor el golpe y el frío. Para contar dos veces al año o leer veinte bultos al día, la diferencia no se nota; para alguien que lee mil al día en una cámara frigorífica, el aparato de verdad se paga solo.
¿Y si la etiqueta está rota o borrosa?
Se teclea el número a mano en la misma pantalla y queda marcado como entrado a mano, que es la parte útil: al revisar el recuento se ve enseguida cuántas lecturas fueron manuales y en qué pasillo están las etiquetas que hay que reponer.
