Pantalla de taller
La tableta de la nave la usan seis personas y está abierta con la cuenta del encargado
Un aparato que no es de nadie, que se toca con las manos sucias y que se mira de lejos. Las tres cosas cambian lo que puede haber en esa pantalla.
Describir lo que necesitoTres cosas que ahí no funcionan
Una contraseña larga con guantes
Si entrar cuesta veinte segundos, la sesión se queda abierta todo el día con el usuario del primero que llegó, y el programa deja de saber quién hizo qué.
Una tabla de doce columnas a dos metros
Desde donde se está de pie no se lee. Lo que se ve de lejos son cuatro datos grandes y un color, y todo lo demás es relleno que estorba.
Lo que cuesta la pantalla de la nave
Una pantalla acotada a un puesto es trabajo medido, y lo que la encarece no es la pantalla: es el recuento del tiempo. Si además hay que contar horas por operario y por orden, eso toca la parte de producción y ahí la cuenta sube de escalón.
Dinos qué hay colgado en tu nave
Cuenta cuántos puestos hay, qué aparato usan y cómo se apuntan hoy las horas. Al enviarlo te llega el esquema y lo que costaría.
Dudas de quien tiene la nave llena de aparatos
¿Vale cualquier tableta?
Casi cualquiera, y lo que más importa no es la potencia sino dónde se cuelga y cómo se alimenta. Una tableta a batería en una pared acaba apagada; una con corriente fija y el brillo alto aguanta el turno entero y se ve con la luz de la nave.
¿Y si no hay red en esa parte del taller?
Entonces hay que decidirlo antes, porque cambia cómo se construye. Una pantalla de puesto se puede hacer para que aguante las caídas cortas guardando en el aparato, pero eso es otra pieza y conviene ponerla en el presupuesto desde el principio.
