Una pantalla hablando
Pedir una pantalla nueva es abrir una incidencia y esperar al trimestre que viene
Esto no es un maquetador de arrastrar cajas. Es describir lo que te falta —qué enseña, de qué tabla sale y para quién es— y que aparezca en el menú, leyendo los datos que ya tienes.
Describir lo que necesitoPor qué una pantalla pequeña nunca se construye
No llega al corte
El listado que necesitan dos personas no compite con lo que pide el director financiero. Lleva año y medio en la lista y nunca va a estar la primera.
Y mientras tanto nace un Excel
Alguien se monta la pantalla que falta en una hoja, con una exportación semanal. Funciona, y a partir de ese día hay un trozo de la empresa que vive fuera del programa.
Lo que cambia cuando la pantalla la pides tú
Aquí el presupuesto no cubre la pantalla pequeña: cubre montar el sistema y dejarte la puerta abierta para las que vengan. Lo que cambia es que la décima pantalla deja de ser un proyecto y pasa a ser una tarde, y eso se nota en el segundo año.
Dinos qué pantalla llevas años pidiendo
Cuenta qué listado o qué vista te falta, quién la necesita y cómo lo resuelves hoy. A vuelta de correo, el dibujo y lo que valdría.
Las dos preguntas que salen siempre aquí
¿Entonces no hace falta programar nada?
Lo que sale es una pantalla de verdad, con código detrás, y hay que mirarla antes de darla por buena como se mira cualquier cosa nueva. Lo que desaparece no es la revisión: es la espera, el presupuesto aparte y la cola de prioridades.
¿Puede romper algo de lo que ya funciona?
Para eso está el borrador: la pantalla nueva se sube sin publicar y el resto de la casa sigue viendo lo de antes hasta que alguien decide. Y es una entrada nueva del menú, no una modificación de una pantalla que ya usa la gente.
