Gufi

Pantalla de inicio

Todos entran por la misma puerta y detrás no hay nada que le sirva a nadie

No es el panel de indicadores del gerente. Es lo primero que ve el que factura, el que prepara pedidos y el que atiende el teléfono, y cada uno de los tres viene a hacer una cosa distinta.

Describir lo que necesito
Lo primero que ve cada puesto
Lo que está a tu nombre
Lo asignado a ti y abierto, no lo de todo el departamento: una lista que se puede terminar.
Una distinta por puesto
El almacén abre con la cola de preparación y administración con lo que falta por cobrar.
Lo que se ha pasado de fecha
Lo vencido encabeza y se cuenta; lo de pasado mañana espera su turno más abajo.
Los tres botones de siempre
Lo que ese puesto hace veinte veces al día, en la primera pantalla y no a tres menús de distancia.
Cada uno la coloca
Los bloques se mueven y se apagan, y la colocación se queda puesta para la próxima vez.
Lo vacío no ocupa
El bloque sin nada dentro desaparece en vez de enseñar un recuadro gris que dice «sin datos».

Una primera pantalla, de verdad

Pestaña Mi Día con el plan del día y once tareas vencidas, cada una con su código, su proyecto y su estado.
La pestaña Mi Día de uno de los sistemas construidos en Gufi, con datos de ejemplo: «Buenas tardes, Santi — tienes 11 cosas en tu plan de hoy», y debajo el plan abierto por lo vencido, once. Cada línea lleva su código (APP-003, WEB-004), lo que hay que hacer —«Crash al abrir en Android 14», «Optimización SEO on-page»—, de qué proyecto cuelga y en qué estado está. Eso es una pantalla de inicio: trabajo con nombre, no indicadores.

Por qué la primera pantalla casi siempre sobra

Enseña números a quien no decide nada

La facturación del mes no le dice qué hacer a quien prepara pedidos. La mira dos semanas por curiosidad y a la tercera pasa de largo sin leerla.

Si está vacía, se salta

Cuando lo primero que aparece no sirve, la gente aprende a ir directa a su pantalla de siempre. A partir de ahí, lo que pongas ahí no lo ve nadie.

El precio de la primera pantalla

Una sola pantalla de inicio es de las piezas más baratas del estimador. La cifra la mueve cuántos puestos distintos hay: cuatro perfiles con cuatro primeras pantallas son cuatro conversaciones sobre qué hace cada uno al llegar, y esa conversación es la mitad del trabajo.

Un módulo
2.500 €
al mes, para un equipo de 10–50.
Todo el sistema
2.500 € – 5.500 €
al mes, con un módulo. En 30 días.
Implantación
0 €
Es cuota. Se corta cuando quieras.
Mover los mandos en el estimador

Cuéntanos qué hace tu gente al llegar

Describe los puestos que tienes y lo primero que abre cada uno por la mañana. Al mandarlo verás el esquema dibujado y una horquilla.

Cómo trabajáis y qué se atasca.

Cuántos sois
Cuánto hay que construir
Cuota mensual con lo que has marcado
2.500 € – 5.500 €
Sin coste de implantación.

Lo ves al momento. Sin llamadas ni boletines.

Lo que se pregunta de la primera pantalla

¿No basta con poner un panel con gráficos?

Sirve para quien decide y no para quien ejecuta. Un gráfico contesta «cómo vamos»; la primera pantalla de alguien que trabaja tiene que contestar «qué hago ahora», y eso es una lista con nombres, no una barra.

¿Lo puede cambiar cada usuario o lo fija la empresa?

Lo normal es las dos cosas: la empresa decide qué bloques existen para cada puesto y la persona los coloca a su gusto. Dejarlo del todo libre acaba en pantallas vacías; cerrarlo del todo acaba en una pantalla que nadie mira.

Otros sectores con pantallas que enseñar