En dos idiomas
El menú está en español, el albarán sale en español y el cliente es alemán
Son dos problemas y se confunden siempre. Uno es en qué idioma trabaja tu gente; el otro, en qué idioma lee el cliente lo que le mandas. Resolver el primero no resuelve el segundo.
Describir lo que necesitoDos idiomas no son dos columnas
Traducir el menú no traduce nada de lo tuyo
El programa pasa a inglés y las descripciones de tus tres mil artículos siguen en español, que es justo lo que lee el cliente en el albarán.
Lo que falta no se ve
Se traduce el ochenta por ciento, el resto sale en el idioma original y nadie se entera hasta que un cliente pregunta qué significa una línea de su factura.
Lo que se compra y lo que no
Preparar el programa para dos idiomas es trabajo acotado y se hace una vez. Lo que no se compra es la traducción de tu catálogo: eso es contenido tuyo, y en casas con miles de artículos suele ser la mayor parte del esfuerzo real.
Dinos quién lee qué y en qué lengua
Cuenta en qué idiomas trabaja tu gente, a qué países mandas y qué documentos salen fuera. Vuelve dibujado, con su horquilla al lado.
Lo que se pregunta de los idiomas
¿Se puede traducir automáticamente?
Para arrancar sirve y ahorra mucho trabajo, pero lo que sale hay que repasarlo en lo que se imprime: una descripción técnica mal traducida en un albarán acaba en una devolución. Lo razonable es traducción automática para empezar y revisión humana de lo que viaja fuera.
¿Qué pasa con lo que ya está escrito sin traducir?
Sale en el idioma original y queda señalado como no traducido, que es lo honesto. Lo peor es dejar el campo en blanco: un albarán con líneas vacías parece un error del programa y genera una llamada que la palabra en español no habría generado.
