Qué sube el precio
Lo que dispara un presupuesto casi nunca son las pantallas
Dibujar una pantalla más es barato. Lo caro es que esa pantalla tenga que hablar con el banco, respetar siete excepciones que nadie escribió y enseñar cosas distintas a cada persona que entre. Y lo más caro de todo es la prisa.
Describir lo que necesitoDe dónde sale la diferencia entre el suelo y el techo
Las excepciones cuestan más que la regla
«Facturamos a treinta días» se programa en una tarde. «Salvo estos cuatro clientes, y salvo en agosto, y si es obra pública es distinto» es otro proyecto. Lo que encarece no es la norma: es la lista de peros que sale en la tercera reunión.
Cada conexión con otro sistema es un proyecto pequeño
Conectar con algo de fuera no es escribir un conector: es entender su formato, aguantar cuando se cae y decidir quién manda si los dos lados tienen el dato distinto. Dos integraciones pueden costar más que todas las pantallas juntas.
Dónde se nota cada uno de esos factores
El estimador tiene tres mandos y sólo uno de ellos está en tu mano del todo: el plazo. Pedirlo para ayer encarece y decir que no hay prisa abarata, y es la palanca que casi nadie usa. Las cifras de abajo están calculadas con el plazo del medio, el de treinta días, que es el que la casa promete por defecto.
Escríbenos las excepciones de tu caso
Lo que más afina una estimación no es la lista de pantallas: son los peros. Escribe los tuyos, aunque parezcan tonterías.
Cómo se baja el número, en dos respuestas
¿Cómo se abarata un proyecto sin recortarlo mal?
Quitando alcance, no calidad: empezar por el módulo que más duele y dejar los otros para después suele bajar la cifra más que discutir el precio por hora. Y quitando prisa, si la hay. Lo que nunca sale bien es recortar las pruebas o la migración.
¿Las integraciones se pueden dejar para la segunda fase?
Casi siempre sí, y a menudo conviene. Mientras tanto se trabaja con una carga manual de ese dato, que es incómoda pero funciona, y se conecta cuando el resto ya está en marcha y se sabe exactamente qué hace falta que llegue.
