Datos atrapados
El programa ya ni se abre y los datos están dentro
La empresa que lo hizo cerró, el servidor no arranca o el formato es de un producto que ya no existe. Queda una copia de seguridad de hace años y un disco, y hay que ver qué se puede sacar de ahí.
Describir lo que necesitoCómo se aborda un rescate
Lo primero es saber qué queda, y suele haber más de lo que parece
Una copia antigua, el disco de la máquina o un volcado que alguien hizo en su día y guardó. Antes de decidir nada se comprueba qué se puede abrir, porque de eso depende si esto es un trabajo de días o una pérdida que hay que asumir.
No todo se recupera, y eso se dice al principio
Hay formatos que no se abren sin su programa, ficheros corruptos y copias incompletas. Lo honesto es hacer primero una prueba de extracción y enseñar qué ha salido, antes de que nadie haga planes contando con tenerlo todo.
El coste de intentarlo
Un rescate no se puede presupuestar a ciegas, así que se parte en dos: primero una prueba de extracción sobre lo que haya, que es corta y dice qué se puede sacar, y después el trabajo de convertirlo, que ya se cotiza sabiendo a qué se enfrenta uno. La horquilla de abajo es la del segundo tramo.
Contadnos qué queda de aquel programa
Cualquier detalle sirve: cómo se llamaba, en qué ordenador estaba, si hay copias y de cuándo. Con eso se sabe si merece la pena intentarlo.
Lo que nos preguntan antes de un rescate
¿Podéis decir de antemano si se va a poder?
No con honestidad, y por eso se empieza por una prueba. Con el fichero o el disco delante se tarda poco en saber si se abre, y a partir de ahí ya se puede hablar de plazos. Prometerlo antes de verlo sería una estimación con los ojos cerrados.
¿Qué pasa si sólo se recupera una parte?
Se entrega esa parte y se dice qué falta. Muchas veces lo recuperable es justo lo que hacía falta —clientes y facturación— y lo que se pierde es lo que nadie iba a consultar. Pero eso se sabe al final, no al empezar.
