Procesos por reloj
Alguien tiene que llegar el primero a lanzar el recálculo, y el día que falta no se lanza
Hay trabajo que no lo dispara nadie: lo dispara el reloj. Recalcular costes, repasar vencimientos, bajar el fichero del banco. Son cinco minutos de máquina y media hora de persona cada día.
Describir lo que necesitoLo que distingue un proceso nocturno de una promesa
Nadie mira si corrió
Se monta, funciona dos meses y un día deja de correr. Como nadie lo mira cuando va bien, tampoco lo mira cuando va mal, y el agujero se descubre en el cierre.
Dos procesos encima del otro
El de la una tarda ahora hora y media porque hay el triple de datos, y a las dos arranca el siguiente sobre lo mismo. Ahí no falla nada: sale mal y parece bien.
El precio de que corra de noche
Poner algo a correr a una hora es casi gratis; lo que se cotiza es todo lo demás: que avise cuando falla, que no se monte encima del anterior y que se pueda relanzar. Sin esas tres, lo que tienes no es un proceso programado, es una costumbre.
Cuéntanos qué se lanza a mano cada día
Di qué proceso hay que acordarse de arrancar, a qué hora convendría y qué pasa si un día no corre. Te lo devolvemos dibujado y con una cifra.
Lo que se pregunta de lo que corre de noche
¿Por qué de madrugada y no durante el día?
Por dos motivos: nadie está trabajando sobre esos datos mientras se mueven, y la máquina está libre. Si el proceso es corto y no bloquea nada, correrlo cada hora durante el día suele ser mejor, porque el error se ve el mismo día.
¿En qué se diferencia de un informe programado?
Un informe programado manda un correo con una foto de los datos. Esto cambia los datos: recalcula, cierra, mueve. Por eso aquí importan cosas que allí no —que no se solape, que se pueda relanzar— y por eso son dos pantallas distintas.
